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Absolución arzobispal

Published Mar 15, 2012

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Absolución arzobispal 20120316-luowenbin Genaro Rodas se detuvo junto a la pared a encender un cigarrillo. calzado mbt Lucio Vásquez asomó cuando rascaba el fósforo en la cajetilla. Un perro vomitaba en la reja del Sagrario. —¿Cómo para dónde vas? ¡Vos si que me hacés gracia! ¿No habíamos quedado de juntarnos por aquí, pues? —¡Ah! ¡Ah! Creí que te se había olvidado. Ya te voy a contar qué hubo de aquello. Vamos a meternos un trago. No sé, pero tengo ganas de meterme un trago. mbt zapatos Venite, pasemos por el Portal a ver si hay algo. —No creo, vos, pero si querés pasemos; allí, desde que prohibieron que llegaran a dormir los pordioseros, ni gatos se ven de noche. —Por fortuna, decí. Atravesemos por el atrio de la Catedral, si te perece. Y qué aire el que se alborotó... Después del asesinato del coronel Parrales Sonriente, zapatillas mbt la Policía Secreta no desamparaba ni un momento el Portal del Señor; vigilancia encargada a los hombres más amargos. Vásquez y su amigo recorrieron el Portal de punta a punta, subieron por las gradas que caían a la esquina del Palacio Arzobispal y salieron por el lado de las Cien Puertas. Las sombras de las pilastras echadas en el piso ocupaban el lugar de los mendigos. Una escalera, y otra, y otra, calzados advertían que un pintor de brocha gorda iba a rejuvenecer el edificio. Y en efecto, entre las disposiciones del Honorable Ayuntamiento encaminadas a testimoniar al Presidente de la República su incondicional adhesión, sobresalía la de pintura y aseo del edificio que había sido teatro del odioso asesinato, a costa de los turcos que en él tenían sus bazares hediondos a cacho quemado. «Que paguen los turcos, mbt precios que en cierto modo son culpables de la muerte del coronel Parrales Sonriente, por vivir en el sitio en que se perpetró el crimen», decían, hablando en plata, los severos acuerdos edilicios. Y los turcos, con aquellas contribuciones de carácter vindicativo, habrían acabado más pobres que los pordioseros que antes dormían a sus puertas sin la ayuda de amigos cuya influencia les permitió pagar los gastos de pintura, mbt aseo y mejora del alumbrado del Portal del Señor, con recibos por cobrar al Tesoro Nacional, que ellos habían comprado por la mitad de su valor. Pero la presencia de la Policía Secreta les aguó la fiesta. En voz baja se preguntaban el porqué de aquella vigilancia. ¿No se licuaron los recibos en los recipientes llenos de cal? ¿No se compraron a sus costillas brochas grandes como las barbas de los Profetas de Israel? Prudentemente, zapatos mbt aumentaron en las puertas de sus almacenes, por dentro, el número de trancas, pasadores y candados.